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Más mercados, más competencia y una nueva etapa comercial.
Foto: Nikolai Kolosov / Pexels ↗
Las exportaciones uruguayas de bienes alcanzaron US$ 1.219 millones en julio, 4% más que en el mismo mes de 2025. En los primeros siete meses del año acumularon US$ 7.819 millones, un crecimiento de 2%. No es un salto espectacular, pero sí una señal de resiliencia en un año en el que los distintos rubros se vienen moviendo a velocidades muy diferentes.
La carne bovina volvió a liderar el mes con US$ 280 millones, 25% más interanual. La celulosa quedó segunda con US$ 143 millones y un crecimiento de 12%, mientras los lácteos sumaron US$ 95 millones, 31% más. Los tres rubros muestran algo importante sobre la estructura exportadora uruguaya: seguimos dependiendo fuertemente de bienes agroindustriales, pero dentro de esa estructura el desempeño puede cambiar mucho según precio, volumen y destino.
El mapa de compradores también se está moviendo. China siguió primera con US$ 235 millones y 19% del total. Brasil compró US$ 190 millones, 13% más. La Unión Europea fue el destino con mayor crecimiento entre los principales mercados: aumentó 42% hasta US$ 174 millones. Estados Unidos llegó a US$ 134 millones, 33% más, impulsado especialmente por carne bovina, cítricos y madera.
Hay un dato pequeño en términos absolutos pero interesante por lo que puede anticipar. Durante las primeras doce semanas de aplicación provisional del acuerdo Mercosur–Unión Europea, productos uruguayos por US$ 13,8 millones utilizaron preferencias arancelarias para ingresar a once países del bloque. Uruguay XXI estima que esas operaciones ahorraron US$ 2,1 millones en aranceles, equivalente a 15,6% del valor ingresado bajo ese régimen.
No hay que exagerar el número: US$ 13,8 millones es una fracción mínima de las exportaciones del país. Pero los acuerdos comerciales suelen mostrar su valor acumulativamente. Si una empresa puede reducir de manera permanente el costo de entrada a un mercado, cambia el margen con el que compite, la posibilidad de desarrollar nuevos clientes y, en algunos casos, la viabilidad de exportar un producto que antes quedaba afuera por precio.
Para una economía pequeña, diversificar destinos es casi tan importante como aumentar el total exportado. China seguirá siendo determinante, Brasil seguirá siendo un socio natural y la carne y la celulosa seguirán pesando mucho. Pero una mayor participación europea y estadounidense reduce dependencia y abre espacio para productos con más diferenciación.
Lo que miraría de acá a fin de año no es solamente si el total crece 2%, 4% o 6%. Miraría cuánto del crecimiento viene de mejores precios y cuánto de mayor volumen, qué empresas empiezan a utilizar efectivamente las preferencias con Europa y si aparecen nuevos productos o destinos con escala suficiente para modificar la canasta. El objetivo de largo plazo no debería ser simplemente exportar más dólares: debería ser construir una estructura exportadora más difícil de desestabilizar por un único mercado o un único commodity.
